Pablo Berger persiguió durante 9 años el sueño de rodar su propia versión de “Blancanieves”. Puede que tanta espera le diese alas suficientes para añadirle al famoso cuento de los hermanos Grim otros relatos e influencias españolas. Toreros, coplas y elementos típicos del folclore propio de los años 20 alzan el vuelo de esta película tan extraña como única. Pero la pirueta no acaba aquí. Por si fuera poco todo este batiburrillo de conceptos desemboca en un largometraje en blanco y negro y mudo. Un salto mortal con tirabuzón invertido que acaba con los dos pies en el suelo y con los jueces alzando el 10 en su mano. Espectacular.

¡Uno de los puntos fuertes de la película es que a pesar de ser un film de época ambientado entre 1910 y 1929, Berger es capaz de cerrar el plano lo suficiente para no mostrarlo todo y sugerir al espectador el resto. Mueve la cámara de forma inteligente, utilizando el blanco y negro y sus contrastes para economizar gastos y emular los pocos recursos que poseía el cine mudo de entonces. Una forma de rodar que deja atrás grandes presupuestos y que utiliza todos los elementos en su justa medida para conseguir un brillante homenaje al cine de los años 20.

“Blancanieves” (2011) supo ahorrar costes pero no aplausos. Tanto es así que ganó diez premios Goya, dos estatuillas en el Festival de Cine de San Sebastián y representó a España en los Óscar de Hollywood. Eso sí, una parte de los aplausos tienen nombre propio; Maribel Verdú que se llevó el Goya a la mejor actriz. Aunque no es de extrañar, porque Maribel se atreve con todo y puede con más. Lo ha demostrado recientemente colaborando en el proyecto Cinergía de Gas Natural Fenosa protagonizando “Ultravioleta”, un cortometraje dirigido por Paco Plaza.

Os dejamos un aperitivo de la maravillosa “Blancanieves”. No tengáis miedo y morded la manzana, vale la pena.