Un solo actor. Una única localización. Y diecisiete días de rodaje. ¿Parece imposible rodar un largometraje con estos tres elementos, ¿no?. Pero en el cine, como en la vida, todo es posible. Al menos eso debió pensar Rodrigo Cortés cuando en 2010 firmó una de las películas, sin duda, más eficientes de nuestro cine. Y es que “Buried” con muy poco, logra mucho.

Un padre de familia (Ryan Reynolds) y contratista se despierta enterrado vivo en un viejo ataúd de madera. Desconoce quién lo ha encerrado y que lo único que dispone para escapar es un móvil con poca cobertura y escasa batería. Así empieza este sublime ejercicio de suspense, donde el espectador empatiza con el protagonista en su lucha por escapar del ataúd desde el primer segundo.

“Buried” aprovecha y exprime los recursos cinematográficos al máximo, sacando el mayor partido de ellos. En el largometraje se utilizaron sólo siete ataúdes de 3×1 metros, muy poca iluminación, ningún efecto especial, un equipo muy reducido de profesionales y un presupuesto muy inferior al habitual en películas con vocación internacional. Una exhibición de técnica cinematográfica con tres Goya® y un Gaudí en su palmarés.

Aquí os dejamos el tráiler. Eso sí, si queréis saber si el protagonista logra escapar, os recomendamos respirar hondo antes de ver la película.