Hace unas semanas se celebró la ceremonia de entrega de los Premios Feroz 2016. La ganadora de la promoción, María Gómez de Montis, comparte con nosotros su experiencia y visión personal sobre la ceremonia de los Premios Feroz. Esperamos que os guste y recordad que próximamente podréis participar en nuevas promociones. Para estar informados os recomendamos seguirnos en FacebookTwitterInstagram.

Martes, 19 de enero. 20:00 horas. Sin uñas que morder, dos estudiantes de periodismo llegan a la antigua Estación del Norte, en el centro de Madrid. Todo para intentar averiguar cómo de grandes son las piedras desde el “no dejes ese guión” hasta el “y el Premio Feroz a mejor película drama es para…”.

Enero es un mes a subrayar en el calendario del cine español. Después de los Forqué, llegaba el turno de otra gran gala: la Tercera edición de los Premios Feroz.  Comparados a menudo, por la composición de sus jurados, con los Globos de Oro estadounidenses, suponían el veredicto final de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España. No solo eso: significaba que, un año más, el cine español había superado su carrera de obstáculos.

En este contexto, y aunque no se hubiesen repartido los premios todavía, un intérprete ingenuo podría considerar a todos ganadores, simplemente por el hecho de estar en ese reconocimiento al cine español. A mí, la primera.

Mi nombre empezó a escribirse en la lista de invitados a los Premios una de tantas tardes de enero, en el marco de mis primeros exámenes como estudiante de periodismo. Un tweet por aquí, un link a la página de Cine Gas Natural Fenosa por allá… y volví a mis apuntes de Filosofía Política. No se me ocurrió que, una semana más tarde, me llamarían para recomendarme que planchase el traje de noche. En mi discurso de ganadora, quiero dar las gracias a Gas Natural Fenosa y a los Premios. Nunca pensé que viviría de cerca algo así, “gracias Feroces” por esta oportunidad.

Así que allí estábamos mi acompañante y yo, de cara al Gran Teatro Príncipe Pío, temblando como chiguaguas. La gala no empezaba hasta hora y media después, así que nos colamos en la zona de photocall, con nuestros mejores vestidos y, aun así, deseando que Stella McCartney ofreciese una línea lowcost para hacer menos ridícula la comparativa. Era increíble lo que la admiración y la alta costura podían hacer por los actores, una especie de élite procedente de una dimensión donde nadie dice una palabrota, ni se tiene que preocupar por si la camisa pega con el pantalón. Incapaz de decir dos palabras con sentido, me pegué a todo el que llevaba un micrófono, esperando que la experiencia de los periodistas me diese confianza a mí también.

Natalia de Molina, Antonio de la Torre o Bárbara Lennie pasearon frente a los cámaras, que casi pujaban por ellos. La siguiente hora la pasé de un lado a otro, evitando abrir mucho la boca cuando veía el vestido de Aura Garrido e intentando que Asier Etxeandia no se sintiese muy molesto por la cantidad de vídeos que estaba protagonizando en mi móvil. Tampoco por eso iba a conseguir una nominación a los Feroz, por cierto.

El montaje se terminó. Lo primero que vi en la carpa en que se iba a celebrar la gala fue a Rossy de Palma, gritando como solo ella sabe que cogiésemos un rollito de primavera. Y recordad lo que os digo: si Rossy de Palma grita algo, hacedle caso. Como luego recordarían Tito Valverde o Rosa María Sardà, la gala de los Feroz se pasa en ayunas.

El acierto de la noche, para mí, va más allá de los vestidos y los ganadores, y pasa por quien sostuvo todo el peso de los Premios: Silvia Abril. Entró con un corto que nos introducía a la maestra de ceremonias, predestinada a presentar los Feroz 2016. Hizo que la gala se hiciese breve, con una naturalidad que yo nunca había visto fingir tan bien. No faltó la expulsión de varios asistentes (“Mario, vete a fumar”), o el descaro al que nos tiene acostumbrados, mientras se sentaba encima de Luis Tosar y amenazaba a Berto Romero, con un guiño de complicidad, “se dónde vives, así que tú de esto, ni mu”.

Si la noche fue de alguien, además de Silvia, fue de Lorca. Y es que “La Novia”, una de mis películas favoritas del año pasado, consiguió seis estatuillas de las nueve a las que estaba nominada. Inició la racha Luisa Gavasa, mejor actriz de reparto, sin terminar de creérselo y “ferozmente agradecida”. A ella la siguieron mejor música, mejor tráiler, mejor drama y mejor directora para Paula Ortiz, que se lo dedicó “a las generaciones que vienen”, entre citas a Machado, un vestido premamá y el reconocimiento que este país le debe a Lorca. Repitió la fórmula Inma Cuesta, que prometió estar “acostumbrada a que me nominen, pero no a ganar”. También le dedicó el premio al poeta, homenajeando después a Carlos Álvarez Novoa, que interpreta al padre de la novia y falleció el año pasado.

Entre gag y gag hizo su aparición Pedro Vallín, presidente de la AICE, quien brindó por el cine desde el mestizaje. Defendiendo a Fernando Trueba, quien aseguró en San Sebastián no sentirse más español que de cualquier otro país, Vallín aseguró, copa en mano, “que no somos lo que comemos sino lo que amamos, que somos mestizos”. James Bond y Anacleto: hoy por hoy, podemos permitirnos el lujo de tomar referencias dentro y fuera de nuestras fronteras.

El premio a mejor actor se lo llevó, después de tres nominaciones, Javier Cámara. Aunque fuese en nombre de su compañero en “Truman”, Ricardo Darín. El actor riojano, que cumplía 49 años ese día, elogió el trabajo de todos los nominados desde el escenario. Un cumpleaños feliz más tarde, dejó en el aire si le mandaría el premio a su amigo o se lo quedaría él.

El Premio Especial del Jurado a “B, la película”, Rossy de Palma haciendo subir al escenario a todo el que llevaba traje para no entregar un premio sola,… pero las anécdotas quedaron en nada cuando los Sardà aparecieron en el escenario. Rosa María recibía el premio de honor de manos de su hermano, Javier, que se reía de la homenajeada: “no me vayas a llorar ahora, eh”. Fue uno de los momentos más emotivos de la noche: todo el teatro en pie, aplaudiendo la trayectoria de la intérprete. Bromas por su edad aparte, aseguró que, viendo el buen gusto de la crítica para dar premios, iba a empezar a leerles. Sentenció su aparición reconociéndose afortunada: “por mucho que estén jodiéndonos vivos, seguimos haciendo cine”.

Completaron el palmarés “el Negociador” como mejor comedia, mejor guión a “Truman” y mejor cartel a “Requisitos para ser una persona normal”.

Que vivan los vencedores y los vencidos, la Sardà y Silvia Abril. El “¡Pedro!” de Penélope y Lorca, los presentadores y las ovaciones. Que viva nuestro cine y que viva el espectador.

Que cada día, celebremos un poco los Feroz. Ojalá en este país se siga haciendo arte, y ojalá tengáis una oportunidad para celebrarlo como la que he tenido yo.

¡Levantad vuestras copas!

María Gómez de Montis
@RevFromMyBed