No estamos ante el mejor film del año en el que se estrenó, 1993. No estamos ante la mejor obra de su director, Jonathan Demme (dos años antes, había triunfado con El silencio de los corderos). Pero lo que sí que podemos asegurar es que estamos ante una de aquellas películas que ayudan a transformar el mundo. Y lo hace de una forma cinematográficamente solvente y con el talento suficiente como para que, una noche, la recuperemos y volvamos a valorar lo que nos cuenta con la mirada de 2018.

Hace 25 años, Philadelphia puso su grano de arena en cambiar la percepción que se tenía de una enfermedad desconocida y que se extendía como una plaga, el sida. Las personas infectadas eran estigmatizadas. El virus se cebaba especialmente en grupos de riesgo que ya arrastraban losas sociales.

Philpadelphia situaba la acción en un entorno acomodado, informaba al gran público sobre la enfermedad y lo interpelaba (eso sí, intentando no ofender) dándole la responsabilidad de ser cómplices de la discriminación.

Estaba pensada al detalle. No se eligieron unos actores cualquiera. Asumiendo el papel protagonista estaba un gran intérprete y, sobre todo, uno de los buenos chicos de Hollywood, el yerno perfecto, Tom Hanks. Su novio era Antonio Banderas, la imagen del seductor viril y latino. Dando la réplica, otro tótem de la industria y representante de una comunidad marginada, Denzel Washington. The Boss, es decir, Bruce Springsteen, se sumaba a la banda sonora en la que también figuraba Neil Young. Eran nombres súper conocidos y respetados.

¿De qué va?

Andrew Beckett, un joven y prometedor abogado, es despedido del prestigioso bufete en el que trabaja cuando sus jefes se enteran de que tiene el sida. Solo un abogado, y muy a su pesar, acepta representarlo en su intento de demandar a la empresa por despido improcedente.

¿Por qué la tenemos que recuperar?

Para comprobar que hay películas que significan más de lo que parece.

Porque demuestra que la cultura es necesaria y transformadora.

Porque a pesar de ser un dramón y algo edulcorada, nos animará a pensar que en 25 años hemos hecho pasos hacia adelante.

Porque nos hará reflexionar sobre lo que aún nos queda por recorrer.

Porque es curioso ver como se autocensura y hacen malabares con la famosa doble moral de Hollywood. Tom Hanks y Antonio Banderas, por ejemplo, no se besan en pantalla en ningún momento.

Porque fue la película que hizo ganar el primer Oscar a Tom Hanks. El año siguiente recogería otro poniéndose en la piel de Forrest Gump.

Porque siempre apetece ver un tête à tête entre Hanks y Washington.

Por la escena de la ópera. Es lo que siempre se dice de esta película.

Por las canciones que forman la banda sonora.

Por Bruce Springsteen que, además, se llevó el Oscar por “Streets of Philadelphia”. Aunque para muchos “Philadelphia” de Neil Young era mejor.

Porque tal vez alguien pueda explicar al resto porque la titularon Philpadelphia.

Porque este año cumple 25.

¿Cómo degustarla?

Si eres de los que les salta fácilmente la lágrima, te avisamos de que Philadelphia es un melodrama. Saboréala con pañuelos al alcance de la mano. Si los usas de papel, intenta que sean de fibra reciclada respetuosa con el medio ambiente y no los tires a la primera limpiada de mocos. La fabricación de los pañuelos que gastamos a diario supone el consumo de millones de litros de agua y la emisión de  gases CO2.

Philpadelphia (1993)

Director: Jonathan Demme

Guion: Ron Nyswaner

Música: Howard Shore

Intérpretes: Tom Hanks, Denzel Washington, Antonio Banderas, Jason Robards, Mary Steenburgen.