Tuvo la opción de trasladar la acción a varios escenarios, a exteriores e interiores, pero Marc Crehuet, su director y guionista, optó por no hacerlo. Quería mantener toda la acción en el mismo lugar. Solo se dio alguna pequeña concesión. Esa decisión creativa descandenó algunas consecuencias. Entre ellas, la de producir una de las películas más eficientes del 2016.

El rey tuerto (El rei borni) es la adaptación al cine de la exitosa obra de teatro que también escribió y dirigió Marc Crehuet. Dos amigas de la infancia se reencuentran muchos años después y deciden quedar en casa de una de ellas para cenar con sus parejas. Ha llovido mucho y cada una de ellas ha evolucionado de distinta forma. Habitan en mundos aparentemente distintos, pero que se encontrarán cuando descubran a lo largo de la cena que el marido de una de ellas, antidisturbios, disparó la bala de goma que vació el ojo a la pareja de la otra en una manifestación. Y lo dejó tuerto. La película, magníficamente interpretada por Alain Hernández, Miki Esparbé, Betsy Túrnez, Ruth Llopis y Xesc Cabot recogió nominaciones a los Goya y Feroz, nos dio a conocer un nuevo valor de nuestro cine y permitió brillar a unos actores capaces de dominar el arte de mezclar la comedia y el drama en una misma escena.

Elegir una única localización y que, además, fuera real, no sólo redujo los costes de producción, sino que, también, aumentó su eficiencia energética. Más allá de no tener que construir escenarios, ¿os imagináis lo que se ahorró en traslados de material, en cambios de iluminación o días de rodaje?

De hecho, la eficiencia llegó hasta el límite de que rodaron dos películas (la versión catalana y la castellana) paralelamente en solo 17 días. Apunta a récord.

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