James Cameron tenía la película en su cabeza pero no tenía los medios para llevarla a cabo. Por un lado, porque era una película con un presupuesto demasiado elevado y por el otro, por las dificultades técnicas que requería.

Tal y como han comentado críticos y productores en numerosas ocasiones, menos de la mitad de la película son escenas reales y el resto está recreado por ordenador. Quizás por eso puso especial hincapié en el desarrollo de los actores y en las situaciones interpretadas por los Na’vi en el mundo de Pandora.

Entre otras cosas, James Cameron y su equipo de producción vivieron durante unos días con una tribu hawaiana que tiene costumbres similares a los personajes de su película y, Zöe Saldana tuvo que adaptarse durante días a los movimientos de su personaje.

Dicen los expertos que Avatar costó 237 millones de dólares convirtiéndose en la película más cara de la historia, superando a Titanic (también de James Cameron); pero si se hubiese rodado el siglo pasado (1999, el último año del siglo) al no disponer de recursos tecnológicos avanzados, al no tener la tecnología 3D suficiente y al no poder desarrollar los personajes y los paisajes por ordenador, hubiese costado la friolera cifra de 400 millones de dólares, casi el doble. A pesar del elevado coste final, ahorrar el 50% del presupuesto inicial es conseguir un rodaje más eficiente.