Muchas veces nos encontramos con títulos de películas que no tienen nada que ver con la original. Nombres absurdos, descripciones detalladas o frases hechas que poco (o nada) tienen que ver con la historia o con el argumento principal. “The Pacifier” traducido como “Un canguro superduro”, “Beverly Hills ninja” como “La salchicha peleona” o “Angus” como “El peque se va de ligue” son algunos malos ejemplos…

Y eso mismo debió pensar Woody Allen al ver las primeras traducciones de sus películas. Cuando estrenaba sus películas fuera de sus fronteras descubría que algunos productores cambiaban el sentido a su antojo.
Algunos de los ejemplos más dolorosos para él fueron “Love and death” traducida como “La última noche de Boris Grushenko”, “El dormilón” traducida como “Woody y los robots” o “Annie Hall” cambiada por “El neurótico”.

¿Y qué pasó después? A partir de ese momento, Woody Allen siempre ha remarcado en todos sus contratos una cláusula específica con la United Artist en la que prohíbe cambiar el título de sus películas al libre albedrío. Desde ese momento, todos los títulos deben ser aprobados por el equipo de Woody Allen. “Vicky Cristina Barcelona”, “Scoop” y muchas otras tuvieron suerte.